Ruddy L. González

 La desgracia de la pandemia que abate al país y al mundo, ha trasto­cado nuestra cotidianidad, nos ha cambiado los estilos de conviven­cias, nos ha provocado serios pro­blemas económicos, nos ha llevado la vida.

No son pocos los amigos, familiares, veci­nos, compañeros, conocidos, personas pú­blicas que han sido infectados por el corona­virus. Muchos han perdido la batalla. Han fallecido. Lo peor de ello es que no tenemos, siquiera, la oportunidad de acompañar a fa­miliares y amigos en tan difícil momento, fa­llecidos por coronavirus u otras causas.

A la memoria de Tony Pina, buen amigo y mejor compañero de periodismo, gran re­portajista, con quien tuve el honor de traba­jar por varios años en la Redacción de Última Hora, y por tantos otros conocidos fallecidos en esta crisis, dedico las letras de la canción de Alberto Cortez:

“Cuando un amigo se va/queda un espacio vacío/que no lo puede llenar/la llegada de otro amigo; Cuando un amigo se va/queda un ti­zón encendido/que no se puede apagar/ni con las aguas de un río; Cuando un amigo se va/una estrella se ha perdido/la que ilumina el lu­gar/donde hay un niño dormido; Cuando un amigo se va/se detienen los caminos/y se em­pieza a rebelar/el duende manso del vino; Cuando un amigo se va/galopando su destino/empieza el alma a vibrar/porque se llena de frío; Cuando un amigo se va/se queda un ár­bol caído/que ya no vuelve a brotar/porque el viento lo ha vencido; Cuando un amigo se va/queda un espacio vacío/que no lo puede llenar/la llegada de otro amigo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *