Los grupos del poder priva­do y público exhibieron or­gullosos su alianza desde la conspiración previa has­ta el cuartelazo mortal a la institucionalidad democrática que en­trañaba el gobierno de Juan Bosch en 1963.

Tanto núcleos familiares marginados y otros arrimados al poder trujillista saca­ron la cabeza desde 1961 cuando Trujillo fue ajusticiado. Acompañaron a los acto­res públicos civiles y uniformados ansio­sos por dominar para hacer fortunas con ciertas empresas del trujillato.

El entramado cobró fuerzas y articula­ción a cielo abierto con las manifestaciones de “reafirmación cristiana” promovidas por medios masivos de comunicación, contro­lados por grupos cupulares.

Consumado el golpe militar canta­ron gloria los golpistas con importacio­nes voluminosas y múltiples bellaque­rías, provocando la indignación popular y reacción armada del movimiento Revo­lucionario “14 de Junio”, que subió seis montañas intentando restablecer la Constitución, bandera enarbolada dos años después por el coronel Fernández Domínguez y los gloriosos militares cons­titucionalistas

La continuación marcó lecciones cono­cidas por los nuevos editores de las alian­zas público-privadas.